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Extracto publicado en El Mundo, el 27 de marzo 2016.

2 de Julio, 2005 / 6:50 / España

Está amaneciendo, Señor, dame fuerzas, tengo que acabar el manuscrito, permíteme que lo acabe, detén el tiempo -rezaba yo. Oía a mis padres, que ya se estaban levantando. Poco pudieron dormir esa noche. Sería una de tantas noches de las que pasaríamos en vela durante estos largos e interminables 10 años… En retrospectiva, miles o tal vez millones de personas nos han acompañado desde aquel junio de 2005 en que llamé al Canal 9 de Televisión de Valencia pidiendo auxilio y que se notificara a España que me querían quitar a mi hija, secuestrándola bajo una apariencia legal…

Periodista: “Tranquilícese, ¿dónde quiere llevarse su marido a la niña desde España, a Arabia Saudita?…”.

Yo: “¡No, no, no! A Estados Unidos… Mi expareja no es árabe, es estadounidense. Y tiene a toda la Embajada de Estados Unidos en Madrid en pie para sacar a mi hija de España…”. Entrecortadamente, yo agregaba: “Es ilegal”, “no es una pelea de custodia ¡es un secuestro!”, “¡quieren secuestrar a mi hija!”, “quieren negarme a mi pequeña y mis derechos a ella, quieren separarnos, sólo porque yo soy española y él norteamericano”, “se niegan a atender razones de que es un psicópata y un peligro para mi hija…”.

Y ese mismo día se transmitió por televisión. Los periodistas se habían dado cuenta de que tenían una gran exclusiva y la habían incluido entre las noticias principales. Así fue como mi historia se convirtió en un caso mediático. Un caso que permaneció siendo noticia durante los siguientes 10 años y seis meses… Me pregunto si alguien tiene aún grabada dicha entrevista. Sería una gran prueba contra un abogado y el juez Torack para que respondan de su prevaricación y cohecho y por su corrupción de los procesos en Estados Unidos y en la Embajada de Estados Unidos.

Wikileaks me salvó

¿Corrupción? Sí, corrupción de mi caso, e infracciones de Derecho Internacional y acciones que caían en un ilícito de carácter penal, de obstrucción y prostitución de la justicia, tanto en EEUU como en España. De forma irrefutable así quedó sentado y demostrado, por medio de unos cables que se descubrieron y que a mí me hizo llegar “alguien” a la prisión de Clinton, en marzo del año 2012. Para algunos, Julian Assange y su equipo de Wikileaks son unos “criminales” y hasta fueron tachados de “traidores” (pese a que Julian es ciudadano australiano). Sin entrar en materia de qué han podido (o no) hacer Julian y su equipo, a modo de estricta defensa y en honor a la verdad y la justicia he de expresar aquí no sólo mi agradecimiento, sino también gritar en voz alta y a los cuatro vientos: Julian, a ti y tu equipo ¡gracias!, y que Dios os bendiga. Gracias por enviarme los cables, a través de los cuales pude reabrir los procedimientos de mi caso, demostrar mi inocencia, y mi sufrido secuestro, junto a la corrupción, indebidas influencias y manipulación del mismo.

Los cables están admitidos desde 2012 ante el Distrito Federal de New Jersey, y desde febrero de 2014 ante la Corte Federal de Apelaciones del Tercer Circuito como prueba en mi defensa, si bien, por sigilo procesal y otros motivos obvios, quedaron sellados en expedientes de procesos federales. Es cierto, yo estuve y sigo secuestrada… Sí, así es, y es verdad que vengo insistiendo durante todos estos años, como aseguran los cables y Greenwald, y así lo percibieron los ejecutivos de Wikileaks, que todos ellos (jueces del condado de Bergen, Peter Innes y políticos…) fueron coautores y cómplices de mi sufrido secuestro, persecución y condena ilegales y maliciosos. Mas ahora no es el momento, y queda pendiente para juzgados y tribunales competentes en los que ruego no lleguen a penetrar los tentáculos de tal putrefacción. Ahora y para que mis lectores entiendan y puedan seguir tan compleja historia, hay que retroceder en el tiempo y visitar aquel día…

El día de la operación

Era el día D, 2 de julio de 2005, y ya se habían levantado mis padres.

-¡María José! -gritó mi madre, mientras entraba de sopetón en el comedor, donde yo me encontraba frente al ordenador…

-Mamá, tranquila, he descansado, estoy bien. Pero tengo que acabar esto, es para mi nena…

Me apresuré en entrar en el cuarto de baño, donde podía, en un momento de privacidad, ser humana y permitirme un desahogo. Me eché a llorar de forma inconsolable. Había permanecido toda la noche en pie, escribiendo mi historia, para que mi hija la leyese cuando fuese mayor y pudiese discernir y entenderla, para que supiese la verdad y de esa forma quedase libre… Pero, libre, ¿de qué? Era mi testamento para ella, en el supuesto caso de que yo falleciese en el quirófano. Lloraba de pena, por mi hija y por mis padres, y estaba muerta de miedo… Me di una ducha rápida y me vestí, eran las 7:05. Me preparé para vestir a mi hija, darle besos, abrazarla. Desde marzo del año anterior, hacía ya 18 meses que su padre se había ido finalmente para no volver y la pequeña estaba mucho mejor.

En todos los sentidos. No obstante, la tensión de los días previos a mi operación le pasó factura. La nena tenía pesadillas. Lloraba en sueños. Gritaba en voz alta mientras dormía.

-¡No, mami, no dejes que me lleve! ¡Yayo, vámonos, no dejes que me lleve el malo daddy!.

Las pesadillas tenían su origen en los acontecimientos que estábamos viviendo toda la familia. No sólo era mi operación, mi salud. También estaba la demanda que el desaprensivo, el psicópata, había interpuesto contra mí, con falsas acusaciones de sustracción ilegal de menores. Él, mejor que nadie, sabía que las acusaciones eran falsas, maliciosas y fraudulentas. Sabía perfectamente que estábamos en España. No sólo dio su consentimiento, sino que, además, él nos empujó a hacer el viaje y ocasionó la larga estancia.

Él, mejor que nadie, sabía de las sustancias que me había suministrado durante años con fines homicidas, por supuesto sin mi conocimiento ni mi aprobación. Peter canceló mi seguro de enfermedad en New Jersey, me quitó mi cobertura médica en octubre de 2004 tan pronto como se enteró de que yo tenía un tumor y urgía una intervención quirúrgica del mismo. Me enteré cuando tuve una revisión de mi ginecólogo en Secaucus, y Blue Cross & Blue Shield, mi seguro, declinó el pago de la consulta. Fui yo quien, personalmente, el 9 de septiembre de 2004, le había comunicado que tenía un tumor en el páncreas. Le comuniqué personalmente que precisaba una operación y un tratamiento de forma inmediata.

“¡Vaya, ahora resulta que tienes un tumor! ¿O es un cáncer? ¿Qué tienes? ¡Te estás muriendo!… Vaya una imaginación tan dramática que tienes… ¡Pobre de ti! Pero voy a decirte una cosa: si fuera cierto, lo sentiría por ti… Di a tus padres que me avisen cuando sea tu funeral…”, me dijo mi ex pareja. Volví a hablar con Peter por teléfono antes del viaje. Le recordé que él había cancelado mi seguro médico cuando sabía perfectamente que yo estaba enferma. Él sabía que mi vida corría peligro, y que necesitaba tratamiento. Sabía que en España tenía cobertura médica. Así que no tenía más remedio que viajar a España. Allí podría luchar por mi vida y por mi salud.

Como es lógico, y puesto que Peter no tenía ningún interés en ver, cuidar o dar amor a una hija a la que nunca había querido, mi hija se venía con su madre. Estaba en mi perfecto derecho de buscar remedio a mi enfermedad, de luchar por mi vida y de llevarme a mi hija conmigo.

“Me has cancelado mi seguro médico y tengo un tumor que precisa tratamiento, me voy a operar en España y mi hija, a quien tú no tienes interés de ver, ni cuidar, y a la que nunca has querido, por mucho que así pretendas frente a tus amigos y tu abogado, se viene conmigo. Y deja de utilizar mi identidad y mis bienes para exprimir mi crédito y obtener líneas de préstamo, pues eso son delitos federales y tarde o temprano habrás de responder por ello. Deja de utilizarme a mí, a mi hija y a mis bienes”, le dije.

Al otro extremo del teléfono él ya no era Peter. Era un lobo encendido. Un demonio que no paraba de gritar, de gritarme (en inglés): “Joder, súbete al barco en el que viniste, y vete al infierno fuera de mi país. Y asegúrate de coger a esa pequeña jodida bastarda tuya y llevártela contigo también, y no vuelvas jamás… Crees que vas a ganar, jodida puta, y no tienes ni la menor jodida oportunidad! ¡Yo soy americano! ¡Tú no eres nada, inútil puta de mierda!”. Ante tal diarrea verbal, lo único que podía hacer era colgar y sanearme los oídos. Y eso fue exactamente lo que hice. Se notificó el viaje a todas las partes involucradas, a Peter y a las autoridades competentes a ambos lados del Atlántico. A todos se les envió una copia de los billetes electrónicos de vuelo. No hubo ninguna oposición al viaje…

Lo que vio mi hija

Victoria Solenne entonces tan sólo tenía cinco añitos… Era una niña tierna, feliz y muy juguetona hasta que a pesar de su corta edad presenció los malos tratos y palizas físicas y psicológicas de su padre contra mí. Y hasta que ella misma fue víctima de los malos tratos. Fue una niña feliz hasta que comenzó a comprender que su madre estaba enferma y su “daddy” no se portaba bien. Y tal fue así que se refería a él como el “malo daddy“, incluso antes de que él abandonase el “hogar familiar” de West New York, en New Jersey, en marzo del 2004. Dicha propiedad fue el primer piso que yo compré, y lo hice el 6 de junio de 1996, casi tres años antes de que mi vida se viese atropellada por Peter Innes y su clan. Victoria Solenne fue, no sólo testigo presencial y cualificado, sino también víctima del horror y conductas del psicópata que pretendía la muerte de su madre y la de ella propia. Su mami se desvanecía, sufría colapsos y desmayos, y caía al suelo sin conocimiento ni conciencia. A mi memoria regresan las imágenes de una niña quien, con apenas tres añitos de edad, presenció lo insufrible.

Victoria Solenne permanecía al lado de su mami en llanto, sentada en el suelo, hasta que ella volvía en sí, tras haber sufrido un colapso y desvanecerse. La pequeña le ofrecía agua, acariciándole la cara: “¡Agüita, mami”… En aquel 2 de julio de 2005 vestí a mi pequeña mientras mi mente se fundía en pensamientos y recuerdos junto con una avalancha y cóctel de emociones, tristeza, frustración, miedo por el futuro de mi hija si yo fallecía: “Sufrí durante seis interminables años las torturas y palizas de ese psicópata, mi nena sufrió sus malos tratos contra mí desde que tuvo uso de razón, y ahora que finalmente el individuo estaba fuera de nuestra casa desde hacía ya un año y seis meses y que podíamos rehacer nuestras vidas, ¡estaba pasando esto”.

En el quirófano de vida o muerte

Papá: “¿Estás preparada? Son las siete y media, ya vamos con retraso…”.

Vestí a mi nena con su vestidito minifalda blanco, con un volante tan simple y gracioso, con unos bordaditos en rojo, y lacitos también en rojo por la parte de los hombros…

Mamá: “María José ¿vale? ¿Estás preparada? ¿Lo tienes todo?”.

María José: “Sí, tranquila… Papá, he impreso unas 150 páginas. Son para que las leas y las guardes bien. Ahí te explico todo”.

Dejamos a mi pequeña en casa de mis primos… Era la primera vez que la dejaba durante más de cinco días. Ella debía presentir que algo no estaba tan bien como le decíamos pues actuaba de manera un tanto confusa, tímida y retraída… Mi padre, con los ojos brillantes, exclamó, sin embargo, con firmeza:

“¡Venga, valiente! Todo va a salir bien”.

Le expliqué, entonces, que había escrito mi historia y que debía prometerme que, si yo fallecía, el escrito sería entregado en los Juzgados de Valencia, así como también en la Embajada Americana a través de Mary Garrity (cónsul de EEUU en Valencia) y que, cuando mi hija se fuese haciendo mayor, cuando preguntase, que se sentase con ella mientras leía mi manuscrito, mi testamento, y nuestra trágica historia. Mis cirujanos, los doctores Planells y Albiol, al confirmar la existencia de un tumor en el páncreas y en el bazo, me habían preparado (y se habían preparado) para la intervención quirúrgica. Jamás lograré borrar de mi mente y mis oídos las palabras que oí aquel día de mayo de 2005, la confirmación de lo que yo había rezado para que no ocurriese, de que todo hubiese sido un error y una simple pesadilla, jamás una premonición…

Dr. Planells: “Tienes un quistecito en el páncreas. ¿Lo sabías? Y posiblemente el bazo esté afectado también… Hay que operar inmediatamente”.

María José: “Me ha estado envenenando desde hace años, quería asesinarme para poder quedarse con mis bienes. Nos ha estado maltratando y envenenando”.

Dr. Planells: “¿Quién?”

María José: “Mi ex marido que no es ni mi marido y que no está ni legalmente casado conmigo, ese impostor, ese psicópata… Me quiere muerta, así lo prometió, y lo está consiguiendo. ¡Por favor, ayúdeme, no quiero morir!”.

El 19 de junio nos dieron los resultados de los laboratorios Echevarne que ya aclaraban que mis dolencias, mi pérdida de la glándula tiroides, mis dos infartos y cólicos se debían a envenenamientos por ingesta de sustancias nocivas, que de seguro yo había consumido sin conocimiento y sin consentimiento a tal barbarie…

Aquella mañana de verano, 2 de julio de 2005… Mis pies, mis manos, mis brazos y mi cuerpo entero se estremecían con escalofríos a medida que nos acercábamos a la hora y la mesa de operaciones. Eran las 8:50y ya estaba en bata quirúrgica, en la habitación, con un tranquilizante. Allí estaba esperando que me viniesen a recoger, pero consciente. A mi padre, frente a mi madre, le pedí que me prometiese que si yo fallecía, mis padres lucharían para adoptar legalmente a mi pequeña, su única nieta.

Mi ex pareja: Un impostor y un criminal

“Papá, en la casa de Fort Lee tengo más pruebas. Si yo fallezco, allí podrás encontrar unos correos electrónicos que se enviaron entre Nancy Innes y Peter, de los que yo pude obtener una copia. Allí tienes admisiones e incriminaciones, y pruebas de que en clave están conspirando sobre mi asesinato. Con esas pruebas y la patología de lo que hoy a mí me saquen, y si fallezco, también con mi autopsia, podréis lograr justicia por lo que han hecho, y ante todo quitarle todo derecho que él pueda tener sobre mi hija. Papá, Peter atentó contra nuestras vidas, me mató un bebé y ahora las consecuencias de sus acciones hacen peligrar mi vida. Esas pruebas y mi testimonio, tal como lo he dejado plasmado en esas 150 páginas, has de entregárselas a Mary Garrity, a los juzgados de Valencia y al Tribunal Eclesiástico del Arzobispado deValencia. Que el consulado americano y Mary se aseguren de que llegan al juez Parsons, y al FBI”.

Mi ex pareja, Peter Innes, quien insistía que estaba casado conmigo (y esto jamás fue así), resultó además ser un impostor y un criminal. Él y ciertos miembros de su familia me habían seleccionado de un portal de internet, The Matchmaker, como la víctima que había que embaucar y atrapar, igual que los halcones, aves depredadoras, eligen a sus presas. En este caso, no obstante, se asemejó más bien a una jauría de hienas o una banda de buitres, y me atrevo a así describirlos -pues me siento legitimada a ello, dicho sea de paso, y en estricto modo de defensa, en base a las pruebas de que dispongo-, también como a una banda de criminales comunes. Y mucho peor que aquellas pandillas de la población de reclusas de la prisión de Clinton, en New Jersey, adonde ilegalmente me enviaron, para encubrir la atrocidad perpetrada contra mí, con ánimo de que yo jamás saliese de allí, debido a mi salud precaria y a graves dolencias crónicas, a consecuencia de la pérdida de mis glándulas y órganos vitales.

Lo espeluznante del caso es que la corrupción de los Juzgados de Familia del Condado de Bergen consumiese tanto a jueces como a fiscales, que empecinadamente se negaron a admitir razones y verdades y, por subir la escalera corporativa y propio interés, no justicia, decidiesen no verlas. Pero ¿qué se puede esperar de corruptos y criminales vestidos de poder y toga?… El caso a instancia de Peter Innes pidiendo “divorcio”, “mis bienes” y “custodia compartida” ¡ni había empezado! Él interpuso su demanda, a sabiendas de que no estaba casado conmigo, el 23 de diciembre del 2004, como afirmó su abogado Peter Van Aulen, y así quedó para siempre registrado, en transcripciones de vista oral, para mi solicitud de habeas corpus del 15 de mayo del 2007, en la página 30, en las líneas 14 y siguientes: “Nos apresuramos a los juzgados antes de que cerrasen el día de antes de Nochebuena para interponer la demanda de divorcio de Innes”.

Mi manuscrito plagiado, mi condena

Ante el notario europeo Álvaro Mendizábal, el 22 de junio de 2005 y frente a testigos, mi amigo y procurador Francisco Javier Frexes y mi entonces abogado de Estados Unidos, Gil Portia, ejecuté mi testamento, y comencé a escribir mi historia para mi hija. Mi versión de los acontecimientos. Ésos eran mis legados para ella, para que si yo fallecía ella siempre se protegiese con la verdad como escudo, y dicha verdad era mi última expresión, mi vida y sufrimientos a manos de Peter Innes y su familia… Desafortunadamente, la desesperación posterior de mi familia por liberarme de mi enemigo y mi secuestro, el engaño de personas sin escrúpulos y el oportunismo con ánimo de lucro y enriquecimiento injusto (personificados en Reyes Monforte, Pepe Sancho, Marcos García-Montes, Arantxa y otros) hizo que mi manuscrito fuera robado y hecho público sin mi autorización.

Tanto mi testamento como mis mensajes privados para mi hija y la denuncia para autoridades competentes, con jurisdicción, junto con correspondencia muy privada fueron robados, y totalmente violados, ultrajados y alterados para la redacción de una novela -que hasta la fecha impugno y rechazo- escrita, publicada y distribuida en un libro no autorizado, que además se publicó tergiversando los hechos, atribuyéndome palabras que jamás salieron de mi boca y acciones que jamás realicé, y se publicó a destiempo, un año y dos meses antes del juicio penal ilegal al que me sometieron.

Como la fiscalía carecía de pruebas para avalar y probar su teoría y los hechos que me imputaban, el mencionado libro les solventaba el problema. Las atribuciones de ciertas conductas falsas y que jamás ocurrieron fueron aprendidas de memoria por Peter Innes y la fiscalía y el libro fue utilizado frente al jurado por la fiscalía de Bergen, en la persecución penal que sufrí, para corroborar el falso testimonio de Peter Innes.

Con ello lograron, como consta en mi condena a 56 años de prisión más un día, a pesar de mi inocencia de todos los cargos que se me imputaron. Esa novela se escribió, sin duda y en base a los hechos acontecidos tras su publicación y hasta la fecha de hoy, para acomodar un objetivo de lucro y enriquecimiento ilícito e injusto, a través de la venta de un libro y un plagio no autorizado.

Las que lo robaron y publicaron lo hicieron para beneficio personal, y con sus alteraciones lograron no sólo venderlo y enriquecerse ilegalmente, sino también que, un año y dos meses después de su ilícita publicación y distribución -a nivel mundial y por supuesto también en el mercado del Foro donde ilegalmente me tenían en una prisión menor-, se me condenase por el uso ilícito del libro y la verdad alterada del mismo como testimonio y prueba en juicio penal contra mí, y se presentase por la Fiscalía del Estado de New Jersey como prueba de auto-incriminación.

Las palabras que me adjudicó ilegalmente, en su ficción y falsa narración de hechos, Reyes Monforte en su libro ilegal -y quien ante mí se presentó bajo el nombre falso de Katia Muñoz-, fueron tomadas como parte de mi testimonio, ilegalmente, contra la Sexta Enmienda de la Constitución de EEUU, el derecho a confrontación de testigos y a plantear una defensa y mostrar pruebas, y en contra de toda la normativa procesal de Hearsay.

Ese libro, al que titularon Amor cruel, fue coautor y cómplice de mi sufrida persecución maliciosa, juicio injusto y condena ilegal a 56 años de prisión, la que por fórmulas jurídicas y el estilo propio y la arbitrariedad del juez sentenciador, o simplemente por protesta del Departamento de Estado, todavía aún no se sabe, se vino a agregar y establecer en 14 años de prisión.

Ese libro, pese a ser prueba inadmisible por las falsedades que incluía, apoyó a mis agresores y secuestradores a dar una apariencia legal a lo que no lo era, y a legitimar su persecución contra mí. Así quedó recogido y plasmado en las transcripciones del juicio penal ilegal contra mi persona, en mi cross-examination (confrontación de testigo), por la fiscal Carol Cutogno el día 10 de noviembre del 2009, y en redirect, mi restablecimiento de credibilidad de testigo, por mi abogado defensor Scott Finckenauer. Y aquí, hoy queda efectuada mi denuncia contra el mismo y los que llevaron a cabo tal irresponsabilidad e ilícito civil y penal.El Mundo Marzo 27 Pascua de Resurección

En ese libro, “la autora” [quien también ha sido acusada de plagio por los herederos de Serguéi Prokófiev, por su obra Una pasión rusa] no sólo hace un absoluto plagio de mi testamento a mi pequeña, sino que también altera la realidad y afirma y me atribuye una conducta delictiva, a la vez que me condena por secuestro parental internacional. La autora llega al extremo de afirmar teorías y especulaciones tales como que yo, según ella, me escapé de Estados Unidos con mi hija sin conocimiento de su padre biológico. El libro, además, me difama y fruto del libelo -sus calumnias e injurias- llega a aseverar, y categóricamente afirmar, que en cierta fecha en el año 2007 o 2008, yo perdí la cordura. Sin evaluación psiquiátrica, ni psicológica y sin informes médicos, la autora y responsables de su publicación y distribución me tachan de estar enferma mentalmente, y de haberme vuelto loca, y recoge falsedades de las cuales hoy el mundo y todo aquél que lea y viva el recuento total y verídico de mi historia van a identificar, y seguro que rechazar, para solidarizarse, al punto de desarmar la calumnia con el fin de que prevalezca la verdad. Esperemos que esta verdad logre finalmente llevar a los responsables del mencionado libelo ante los tribunales competentes.

Es cuestión de justicia.

Artículo de El Mundo. Entrevista y Extracto del primer capítulo.

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